miércoles, 28 de febrero de 2007

VIAJAR CURA EL ALMA




-Hay quien dice que el mejor remedio contra los males del alma es VIAJAR.
-Se cuenta que cuando salimos de viaje nuestra percepción del mundo se amplia y llegamos a utilizar mas de 15 % de nuestras capacidades mentales.
- Viajar ademas, nos da nuevas visiones del mundo y sus gentes, lo que acaba enriqueciendo nuestra percepción de la vida.
-Ver como viven otros pueblos y otras gentes, hace que agradezcamos mas lo que tenemos en nuestro mundo.
-Viajar es compartir experiencias, llenarse con los colores de las tierras y de las gentes.
- Y tiene una ventaja, podemos comenzar a viajar antes de que comience realmente el viaje, y seguir en él una vez terminado.

lunes, 26 de febrero de 2007

VIAJE DE SEMANA SANTA


Para esta semana santa hemos seleccionado irnos de viaje a Turquía.
Un recorrido de una semana por algunos de los lugares mas mágicos y especiales de este increíble país.
ITINERARIO:
ESTAMBUL y TURQUÍA MÁGICA (del 31 marzo al 7 abril) (desde MADRID).
1.- MADRID - ESMIRNA.- Salida en vuelo especial y directo desde MADRID con destino ESMIRNA. Llegada y traslado al hotel. Cena y alojamiento (área de Esmirna).2.- ESMIRNA - PAMUKKALE (EFESO).- Desayuno. Salida dirección Efeso. Visita de la Casa de la Virgen María. Almuerzo. Continuación hacia PAMUKKALE y visita de Hierápolis. Cena y alojamiento.3.- PAMUKKALE - CAPADOCIA (KONYA).- Desayuno. Salida hacia KONYA. Visita del Mausoleo de Mevlana. Almuerzo. En ruta, visita de una antigua posada (KeravanSaray, "Palacio de Caravanas") de la Ruta de la Seda. Cena y alojamiento (área de Capadocia).4.- CAPADOCIA.- Desayuno. Panorámica del valle del pueblo de Uçhisar y de los parajes volcánicos de Avcilar y Güvercinlik.Visita del Museo al aire libre de Göreme. Tras el almuerzo, visita de una ciudad subterránea (viviendas trogloditas). Recorrido por el valle de Pasabag o Çavusin. Por la tarde, visita de un taller artesano de alfombras y joyas. Cena y alojamiento.5.- CAPADOCIA - ESTAMBUL (ANKARA).- Desayuno. Salida dirección ANKARA. Visita del Museo de las Civilizaciones de Anatolia. Almuerzo y continuación de viaje hacia ESTAMBUL. Alojamiento o cena y alojamiento (según opción elegida).6 y 7.- ESTAMBUL.- Desayuno. Días libres en Estambul. Posibilidad de realizar diversas visitas facultativas. Alojamiento o cena y alojamiento.8.- ESTAMBUL – MADRID.- A la hora convenida, traslado al aeropuerto para salir en vuelo de regreso. Llegada y fin del viaje.
PLAZAS LIMITADAS...
Para mas información manda e mail : eblancoviajes@yahoo.es

TRAS EL SENDERO DE LOS DIOSES.


La nueva obra de nuestro compañwero MIGUEL BLANCO, ya esta en la calle en formato de bolsillo.

Un viaje apasionante por algunos de los misterios mas magicos de nuestro planeta.

Ometepe: La isla del fin del mundo


Por Miguel Blanco

Objetos imposibles que sugieren una tecnología sofisticada en el pasado, leyendas sobre un mundo subterráneo, OVNIs que surgen de las entrañas de un volcán, chamanes y curanderos nahuales, y unos extraños petroglifos que se esconden a la vista de los extranjeros por los nativos y que hemos podido fotografiar en exclusiva. Un viaje hasta las entrañas de Nicaragua para conocer "La Isla del Fin del Mundo"..."Los coches no podrán pasar. Imposible. Ni siquiera los 4 X 4 pueden subir por esos montes. Sólo se puede ir a caballo, y hasta cierto punto. Después hay que seguir a pie". Nuestro guía había sido muy claro, si queríamos ver aquellos grabados prehistóricos, ocultos por los nativos a casi todo ojo extranjero, deberíamos alquilar caballos o prepararnos para una larga caminata. No es difícil alquilar caballos en la isla. De hecho es el medio de locomoción más habitual, y a lo largo de aquel viaje por distintos países centroamericanos, siguiendo la huella de "los dioses", tendríamos que hacer uso de ese "transporte" en varias ocasiones. Cuando, horas después, nos adentrábamos por los espesos bosques de la hacienda "El Porvenir", en las faldas del volcán Maderas, entenderíamos las advertencias de nuestro guía, el acceso a los grabados es difícil, y absolutamente imposible sin un guía experto. Entre la frondosa vegetación nos observaban los ojos de las estrafalarias iguanas y los pintorescos armadillos, por no hablar de las temibles boas que se arrastraban entre los arbustos, o los gigantescos toros que nos encontramos de repente entre los arboles.

A pesar de ello, ni siguiera la espesa vegetación, los intrincados caminos, y los espesos bosques de la isla, han podido proteger este tesoro arqueológico, y en los últimos años algunas de estas misteriosas piedras grabadas hace siglos han sido robadas encontrándose en la actualidad en paradero desconocido. Tal vez por esa razón los isleños han optado por ocultar la mayoría de los petroglifos a la vista de los curiosos. Y cuando terminamos de tomar medidas, copiar y fotografiar todos los grabados de extrañas criaturas y "dioses", esculpidos por manos desconocidas hace siglos, nuestro guía iba cubriendo con hojas y ramas las piedras grabadas. Solo alguien que, como él, había nacido y vivido en aquellos bosques toda su vida, podría volver a ubicar la situación de cada petroglifo, fijada a fuego en su memoria. Y así, tal vez podrán evitar que los ladrones de antigüedades continúen mutilando aquellas huellas de nuestra historia, que tal vez escondan aún alguna pista sobre "los dioses" del pasado. Pero los petroglifos son solo uno de los misterios de Ometepe, "La Isla del Fin del Mundo"... otros enigmas fascinantes nos aguardaban todavía entre aquellos volcanes que nos flanqueaban a diestra y siniestra....

Una isla en un mar dulceLa isla de Ometepe es la isla más grande del mundo dentro de un lago de agua dulce; el lago Cocibolca, en pleno centro de Nicaragua. Su historia es nebulosa, y se desconoce desde cuando esta poblada, ya que en zonas como Pulman, se han encontrado incluso restos de mamuts, lo que nos da una idea aproximada de la antigüedad de esta isla. Su extensión es de 276 Km2, con unos 35.000 habitantes, descendientes de los Toltecas, Mayas, Aztecas, Nahuales, Olmecas, Chibchas, Tiwanacos, y demás pueblos indígenas que han poblado la isla hasta que, el 21 de Enero de 1522 el explorador español Don Gil González Dávila "descubre" en el "Mar dulce" esta isla, tomando posesión de la misma, en nombre de sus Majestad, el 12 de abril de 1523.

Para poder explorar ese "Mar Dulce", denominado así por el colosal tamaño del lago, y la isla de Ometepe, Francisco Hernández hizo traer un bergantín desde el océano Pacífico hasta el lago Cocibolca atravesando la selva ¡a hombros de esclavos indios!.

Al llegar a la isla los colonizadores españoles, los indios que la habitaban se vieron obligados a huir a lo alto de los dos volcanes, el Concepción (en activo) y el Madera, que flanquean Ometepe. En su huida dejaron atrás aquellos antiquísimos petroglifos, que siglos atrás sus antepasados habían grabado inspirados en sabe Dios que misteriosos "dioses".

Y si los nativos escaparon a las cumbres de aquellos dos volcanes, tal vez no fue sólo por razones estratégicas, sino porque el Concepción y el Maderas habían sido considerados durante generaciones el hogar de los Dioses... un dato este sobre el que regresaremos más adelante.

Desde tiempos remotos el volcán Maderas era un lugar sagrado conocido como Coatlán o, "Lugar del Sol"o "Lugar donde vive el Sol", mientras que el Concepción era denominado antiguamente Choncoteciguatepe o "Hermano de la Luna". En las faldas de ambos volcanes se realizaron todo tipo de rituales mágicos desde los tiempos más remotos. En esos bosques de Río Tichaná y del Río Buen Suceso, y en Las Cuchillas, El Corozal Viejo, Altagracia, la Sabana y otros enclaves mágicos, los aborígenes de Ometepe mantenían una religión politeísta.

Sus calendarios, que descubrimos ingeniosamente grabados en algunos petroglifos, contaba con 18 meses de 20 días, sumando años de 360 días. Cada 52 años, según su creencia, se producía una crisis cósmica, por lo que acostumbraban a almacenar alimentos y agua a la espera de esos altercados cósmicos con los que los eclipses, que conocían bien, estaban relacionados. Y lo cierto es que las continuas invasiones, de distintas tribus indias; aztecas, olmecas, mayas, nahuales, etc, a la isla, de alguna manera eran "catástrofes" para los invadidos...

Calendarios que acompañan la vida diaria de los nativos, y su "vida cósmica", ya que los aborígenes de Ometepe ya incluían el concepto del alma (Yulio) en sus creencias, así como la vida en el mas allá e incluso una forma de reencarnación.

Su rico panteón estaba repleto de dioses: Xochipilli, diosa de la alegría; Catligüe, diosa de la fertilidad; Mixcoat, dios del comercio; Ecatl, dios del aire; Migtanteot, dios de la muerte; Tlaloc, dios de la Lluvia, etc, que solían representar en ídolos de piedra o cerámica, a los que siempre colocaban las fauces de un jaguar, animal sagrado amo de la Tierra. Los dioses, según la tradición, se alimentaban de sangre humana, y vivían en las regiones donde sale el Sol. Y la verdad es que no pudimos evitar un extraño escalofrío al descubrir, en las faldas del Madera un antiquísimo petroglifo que representa al inquietante Miganteot, dios de la muerte; un ser de cabeza redonda y grandes ojos, testigos de quien sabe cuantos sacrificios humanos en su honra...
Representaciones de los dioses se encuentran también en grandes estatuas desperdigadas en por toda la isla. En ellas apreciamos a Xochipilli, diosa de la Alegría; Tescatlipoca, dios del Mal, etc, tocados con unos sugerentes cascos que, sin duda, harían las delicias de Erich von Daniken. Esos monumentos, no obstante, son muy posteriores a los grabados petroglíficos.

Estos petroglifos, que según las dataciones científicas elaboradas por los arqueólogos se sitúan en torno al año 300 después de Jesucristo, se encuentran además en San Marcos, Altagracia, en La Palma, El Porvenir, Las Cuchillas, Punta Gorda, Corozal Viejo, Socorro, Mérida, La Tijereta, etc, y lo que es más importante, en el interior de parcelas y haciendas privadas, como la Parcela San Ildefolso (en la Hacienda San Antonio), la Hacienda La Primavera o la Hacienda el Porvenir, propiedad de la familia de los Bolaños (emparentados con el vicepresidente de Nicaragua), que amablemente nos permitieron medir, estudiar y fotografiar los grabados de su propiedad, presentan además imágenes muy sugerentes, por ejemplo, extraños animales no conocidos en la isla, lo que supone un nuevo enigma en torno a cual fue la fuente de inspiración de los artistas.

Para estudiosos, como Manuel Hamilton Silva Monje, "por medio de estos petroglifos inferimos que nuestros abuelos Chorotegas y Niquinianos, ya tenían un alto grado de organización y avance cultural muy elevado".

Sin embargo, no podemos pasar por algo uno de esos grabados en concreto. Se trata de un conjunto de dos espirales unidas entre si. El grabado, en si mismo, probablemente no nos llamaría la atención en ninguna otra parte del mundo, pero tras mostrárnoslo, nuestro guía dirigió nuestra atención hacia un monumento que reproduce una maqueta de la isla, ubicado en Moyogalpa, al sudoeste de la isla. Al comparar ambos, petroglifo y maqueta, se debe reconocer una cierta –y probablemente casual- similitud. Los campesinos llaman a ese petroglifo "el mapa", por considerar que se trata de una vista de la isla de Ometepe desde el aire. Evidentemente no se han parado a pensar en que hace 1700 años no era posible sobrevolar la isla para hacer un mapa de la misma desde el aire... ¿o si?

Objetos imposiblesAcudimos a Altagracia para visitar el Museo Arqueológico de Ometepe, y allí nos esperaba Maira Gómes, responsable de las instalaciones. Nuestro principal interés era poder ver, por nosotros mismos, uno de esos extraños "objetos imposibles" de nuestro pasado, que parecen sugerir unos conocimientos tecnológicos en los antiguos, difícilmente coherentes con su supuesta "cultura primitiva".

Y si en Bagdad se descubrieron "pilas eléctricas", en Sakkara un "aeroplano de madera", en Belice un "cráneo de cristal" y en Antikitera una "maquina de relojería", todos ellos con siglos de antigüedad, en la región de San José del Sur –en la "Isla del Fin del Mundo"- se descubrió durante una excavación arqueológica, un artefacto no menos extraño...

"Nosotros lo hemos catalogado –explica Maira Gómes, en exclusiva para AÑO/CERO- como "utensilio óptico para observación astronómica".

Se trata de un objeto de unos 25 centímetros de diámetro, con forma de lenteja, del que sobresalen dos tubos cilíndricos de unos 10 centímetros de largo por 3 de ancho, sobre los que se colocaban los ojos. Por el otro lado el cuerpo de esos "prismáticos primitivos", presenta varios orificios preparados para facilitar la observación de los astros, así como para predecir el tiempo.
Lo más insólito es que, según los informes arqueológicos, esos "prismáticos astronómicos" están construidos entre el 450 y el 500 después de Cristo. ¿En que podrían haberse inspirado los antiguos aborígenes de la isla de Ometepe para idear este ingenio óptico?

Precisamente en la zona donde se descubrió este artefacto, San José del Sur, en el otro extremo de la isla, nos encontramos leyendas y mitos extremadamente sugerentes. En el colmo de la audacia, la imaginería popular ha llegado a fabular una relación entre la isla y el mismísimo Jesucristo. De hecho, el arte rural ha llegado a plasmar en algunas obras pictóricas el nacimiento de Cristo con los volcanes Maderas y Concepción de fondo, y con una resplandeciente Estrella de Belén luciendo sobre ambos. Y es que extrañas "estrellas" y objetos luminosos de todo tipo han sido vistos sobre la isla y, lo que es más desconcertante, entrando y saliendo de ella.

OVNIs y un mundo subterráneoNo se trata solo de avistamientos de OVNIs y luces más o menos extrañas cruzando los cielos. En los testimonios que la revista AÑO/CERO pudo recopilar entre los lugareños, testimonios que nunca antes habían trascendido sus fronteras, destacan casos extremadamente sugerentes.

Algunos de esos testimonios hacen referencia a misteriosas esferas luminosas "como la luna llena", entrando y saliendo de las enigmáticas lagunas de la isla. Esas lagunas, están rodeadas de todo tipo de leyendas. Pero, al margen de la leyenda, lo cierto es que sorprendentes avistamientos OVNI se han producido en algunas de ellas.

Una de las lagunas más sugerentes se encuentra en la cima del volcán Maderas, de 1394 metros de altura. En el interior de este volcán, extinguido hace años, se formó una cuenca de 800 metros de contorno, y de profundidad desconocida, que fue descubierta por Casimiro Murillo, el 15 de abril de 1930, tras escalar el Maderas, Coatlán en lengua nahualt, hasta su cumbre. Pues bien, un sábado, en pleno verano, se produjo un insólito acontecimiento en esa laguna.

Eran aproximadamente las ocho y media de la tarde cuando, desde toda la isla pudo observarse un gran resplandor. Podemos imaginar el terror que embargaría a los habitantes de una isla volcánica al observar como en plena noche se produce un gran resplandor en la cumbre de uno de los volcanes. Uno de esos volcanes, el Concepción, tuvo su última y violenta erupción en 1957, y los mayores de la isla todavía recuerdan aquella noche de fuego y muerte en la isla. Afortunadamente el resplandor que salía del volcán Maderas no era anuncio de un movimiento sísmico, si no de algo extraño.

Eduardo Emilio Gómez, uno de los testigos entrevistado por AÑO/CERO observó el incidente desde la población de Moyogalpa: "Después del resplandor –explica Eduardo a AÑO/CERO en exclusiva- vimos salir una esfera de luz blanca, muy grande, enorme, del interior del volcán. Empezó a subir, y subir, sin hacer ruido, hasta que se perdió entre las nubes....". Recordamos entonces que desde tiempos inmemoriales aquellos volcanes habían sido considerados morada de los dioses. De hecho el nombre nahualt de el Maderas, Coatlán, significa literalmente "lugar del sol" o "Lugar donde vive el Sol". ¿Qué tipo de "sol" vive en ese volcán?.

Aquella misteriosa esfera, que surgió de la laguna del Coatlán, y el resplandor que la precedió, fueron observados desde prácticamente toda la isla. A la mañana siguiente un grupo de campesinos audaces treparon hasta la cima del Maderas para investigar, pero no encontraron ningún pista que pudiese identificar la naturaleza de aquel extraño objeto que, en el silencio más absoluto, había surgido de las entrañas de la laguna volcánica. Sin embargo, y como era de esperar, algunos campesinos supersticiosos susurraron un nombre... "esto es cosa de Chico Largo...".

Y es que en "La Isla del Fin del Mundo" existe además una particularísima tradición ancestral que habla de una especie de mundo interno, o mundo subterráneo, oculto en otra enigmática laguna ometepeña: la Laguna Verde, sin duda el enclave más mágico de la isla.

Precisamente en la zona de San Juan del Sur, donde fueron descubiertos los extraños "prismáticos para observación astronómica", entre Sacramento y Los Ramos, y justo frente al islote del Quiste, se encuentra la Laguna Verde.

La Laguna Verde tiene forma ovalada, de 300 metros de largo –de Oeste a Este- y 200 metros de Norte a Sur. Sus bordes están cubiertos de árboles de guabo, cocojonches, tulares, caballero blanco, conene, etc, y sobretodo, esta poblada de algas en abundancia, y eso es lo que le da su aspecto misterioso y su nombre, a causa del color que le da esa abundante vegetación. Sin embargo, el temor que suscita entre los nativos la Laguna Verde no se debe a su aspecto, a su frondosa vegetación, ni a ser un criadero de tortugas, cuajipales, anguílas, o cormoranes sino a la leyenda de su secreto: la ciudad subterránea de El Encanto..

Dice la tradición que durante el periodo colonial vivió en aquella zona Francisco Rodríguez, más conocido como Chico Largo, un joven alto, flaco, fuerte, de ojos negros, cabellos lacios, nariz afilada, labios finos, que vestía cotona de manta, sombrero de palma y caites. Gustaba de pasear a caballo por la noche, y jamás se le conocio relación con mujer alguna, lo que acrecentaba el misterio en torno a él.. Chico Largo era un chamán muy poderoso, descendiente de los brujos indígenas más sabios, que tuvieron que irse de Rivas al llegar los colonizadores españoles encabezados por Gil González Dávila, y cuyos descendientes viven aun en la isla. Al parecer Chico Largo poseía increíbles poderes sobrenaturales y a el acudían tanto nativos como colonos en busca de sus favores mágicos.

Cuando alguien hacía un pacto con Chico Largo, para obtener dinero, poder, salud o prosperidad, el brujo utilizaba sus artes mágicas para lograr lo pedido, pero, si una vez obtenido el favor, no respetan su pacto con Chico Largo, este los conducía a un extraño lugar, una especie de ciudad subterránea ubicada en torno a la Laguna Verde, llamada por los lugareños "El Encanto".

Lo verdaderamente insólito es que algunos cazadores, que se han perdido en la zona mientras seguían frenéticamente a su presa entre los bosques de la Laguna Verde, aseguran haber llegado a ese lugar llamado "El Encanto".

En aquella ciudad los traidores al pacto, según la leyenda, eran convertidos en animales y esclavizados. Lo curioso es que la leyenda de los hombres convertidos en animales se mantiene hasta nuestros días, y algunos carniceros de Ometepe juran haber descubierto, en algunos novillos y vacas sacrificadas, dientes de oro, lo que mantiene la leyenda.

Sin embargo, quizás lo más curioso de esta historia es que todavía en la actualidad se producen extraños fenómenos, o encuentros con misteriosas entidades en la isla, que son interpretados por los nativos como obra de Chico Largo, reforzando así el mito.

Por ejemplo, cuando triunfó la Revolución Sandinista –cuenta Manuel Hamilton Silva- se construyó una fortaleza en la que mantenían un piquete. Una noche, mientras uno de los vigías hacía su guardia vio venir hacia el acuartelamiento, de frente, un bulto negro. El vigilante le dio el alto pidiendo que se identificas, a medida que aquel bulto se acercaba cada vez más y adoptaba ya una forma antropomorfa de gran tamaño. Al proseguir su acercamiento sin identificarse, el soldado amartilló el arma, pidiéndole a aquel ser que se detuviese. Ante el caso omiso que hacia, abrió fuego, descargando todas las balas de su fusil AK sobre él, pero no pudiendo detener su marcha. El ser llegó hasta el soldado arrebatándole el arma y golpeándolo. Se armó un caos en la fortaleza y todo el contingente militar se dio a la huida. Para los nativos aquel ser era Chico Largo que, desde la ciudad subterránea de El Encanto, en la Laguna Verde, continúa protegiendo la isla.

La leyenda es mantenida viva, sobretodo, por los descendientes de aquellos médicos tradicionales, brujos y sabios, que dominaban la isla antes de la llegada de los españoles.

Se trata de los herederos de un conocimiento ancestral trasmitido de padres a hijos oralmente, y que en otros puntos del continente ya ha sido excesivamente contaminado por la cultura europea. En Ometepe, sin embargo, aún existen curanderos que conocen los secretos de las hierbas y raíces del bosque, capaces de curar todo tipo de dolencias con esa forma de conocimiento médico. El origen de esos conocimientos, como el origen de sus leyendas sobre El Encanto, el origen de sus extraños petroglifos, o de esos insólitos objetos imposibles continua siendo un enigma.

Cuba: Asistimos a un ritual de Palo Mayombe

Eleguá aqui boru aqui boi a boi bochiche oluami omatielli olua atacasorde alacomaco mani bata adoridale jolo yaguna eleku unsuku ubeleku sukun a la róyo usu eye. (Salutación lucumí al oricha Elegua)Un mulato de aspecto feroz, con el cuerpo decorado con llamativos tatuajes, firmas de los orichas, colocó ante mi el cuenco con la sangre del carnero que acababan de sacrificar. Poco antes había arrancado la cabeza de un gallo con los dientes y todavía tenía los labios enrojecidos por la sangre que le caía por la comisura de los labios hasta el pecho. A mis pies se encontraba la cabeza y las cuatro patas que acababan de arrancar del cordero sacrificado. Todos los ojos estaban clavados en mi. Rosa, la palera que nos había invitado a asistir al ritual me taladraba con su poderosa mirada. Vieja amiga, sólo me había puesto una condición para permitirnos asistir y fotografiar la celebración: "Tienen que participar con nosotros en todos los actos". Y como uno sólo tiene una palabra, tomé el cuenco con las manos cruzadas como es rigor en Palo Monte, después inspiré, cerré los ojos y bebí la sangre. Y cuan Santo Sacramento de la comunión, la sangre del cordero nos "bautizó" permitiéndonos acercarnos un poco más a los secretos de la poderosa Regla de Palo Monte.

Los imprevisibles acontecimientos que se suceden en toda investigación son los que llevan a uno a estas situaciones.

Días atrás, y a más de 350 kilómetros de distancia, en Guanabacoa (la mata de la brujería cubana) habíamos tenido el privilegio de poder asistir a un ritual de tambor que iba a celebrarse ese día. A pesar de la entrañable amistad que nos une con el santero Esteban Valdés, nuestro padrino en la Regla de Ocha, no nos fue permitido fotografiar el secreto ritual. No es bueno que los secretos sean divulgados indiscriminadamente, y los tambores, tan sagrados en santería como lo son en el vudú, el ñañiguismo u otros cultos africanos, no debían ser fotografiados. Como tampoco debían serlo los nuevos creyentes que se iniciaban esa tarde. Habría otros rituales, y otras celebraciones que podríamos fotografiar y filmar, como ya lo habíamos hecho en anteriores viajes a Cuba. Pero la diferencia entre un santero o un palero auténticos, como Esteban Valdés, y un falsario, es que el primero respeta los secretos de su religión, y el segundo no duda en vender esos secretos a cualquier turista curioso por un puñado de dólares.

Durante más de seis horas, hasta bien entrada la noche, los tambores bramaron sin cesar, mientras casi un centenar de espíritus libres, descendientes de esclavos africanos, cantaban y bailaban en honor de los orichas (dioses del panteón yoruba). Y solemnes letanías en dialecto lucumí, la lengua de los antiguos negros arrancados del continente negro en nombre de un dios blanco y "civilizado", homenajeaban a Eleguá, Changó, Yemayá, Ochún, Babalé Aye, etc.

Uno a uno los neófitos desfilaron ante el altar de Esteban Valdés, y después ante los tambores sagrados, a los que saludaban reverentemente echándose al suelo completamente, cuan sacerdote que recibe su ordenación.

Los espléndidos trajes rituales de Oya, Changó y Obatalá desfilaron ante nuestros ojos vestidos por los nuevos iniciados, cuyas edades oscilaban entre un niño de 11 años y una mujer de unos sesenta. En la santería afro-cubana no hay edad mínima ni máxima para abrazar la religión.

De pronto, entre la muchedumbre, alguien grita y comienza a moverse espasmódicamente. Ha sido cabalgado. Los orichas se comienzan a dejar sentir su presencia. Los animales que les habían sido sacrificados anteriormente, y cuyo sacrificio no nos fue permitido presenciar en esta ocasión, habían sido de su agrado.

Una de las iniciadas, tocada con las ropas del temible Changó, Señor del Fuego y de la Guerra, había sido iniciada anteriormente en la Regla de Palo Monte o Palo Mayombe, una religión afro-cubana más dura y rígida, a ojos europeos, que la santería. Aquella mujer, perteneciente a la clase social más acomodada de La Habana, y cuya identidad obviaremos por propia petición, no tubo inconveniente en mostrarnos su "rayado". El "rayado" es el rito de iniciación por excelencia en la Regla de Palo Monte, durante el cual el neófito es herido con un cuchillo en varias partes de su cuerpo. Las profundas cicatrices en el pecho, brazos y piernas de aquella aparentemente frágil burguesa cubana, resultaban temibles.

Afortunadamente para ella, tras tan dura prueba, que había superado sin un lamento de dolor, como ha de ser entre paleros, había conseguido permiso para hacerse la cirugía estética y disimular así parcialmente las heridas del "rayado". No podía suponer yo en ese instante que pocos días más tarde podría asistir personalmente a algunos de los legendarios ritos secretos del Palo Mayombe, como el "baile de cuchillos", la suelta de palomas o la "alimentación" de una Nganga.

Pero eso sería una semana más tarde. Ahora estábamos sumergidos en un ritual santero de tambor en Guanabacoa. Y de pronto me descubrí a mi mismo, absolutamente inmerso en el rito. Rodeado de docenas de negros, trigueños y mulatos, literalmente sumergido en la masa, me sorprendí siguiendo el lenguaje de los tambores. Mas de cien personas, apiñadas en un cuarto de no más de 20 metros cuadrados, nos movíamos al unísono conducidos mágicamente por la música. Y lo que más me fascinó es que, cuando quise darme cuenta, estaba flanqueado por montones de niños. "Pioneros" de 7 o 9 años que vibraban con los tambores entre risas, como si solo estuviesen jugando. Para ellos la santería no tenía nada de morboso o terrible, una imagen a la que estamos habituados en Europa. Para los niños la santería, la religión, es tan alegre, sana y divertida como la música o la danza caribeña, pero mucho más trascendente. Y así, bailando en espiral, como si fuésemos una gigantesca serpiente, nos dejamos llevar por los orichas.

Palo Monte en Trinidad Ochosi achó nifuwew iyá-n iyeguire odemata ode baru baroliyo akiko mosiere kama -r- Ikú kama arene kama areyo kama arofo. (Salutación lucumí al Oricha Ochosi)
Rosa Sánchez es una de las paleras más importante de Trinidad, una hermosa villa colonial ubicada a unos 350 km. al sur de La Habana. Cuando nos dio su permiso para asistir y fotografiar un ritual de Palo Monte nos entusiasmamos. Muy pocos europeos han tenido la fortuna de presenciar, y menos aún de fotografiar, los ritos paleros. La condición para asistir a la reunión era que participásemos activamente en todos los actos, y tan solo se nos prohibió fotografiar a Rosa Sánchez al lado de su "prenda", la poderosa nganga (caldero mágico confeccionado con restos humanos y otros elementos), durante los sacrificios de los animales. Por razones que no podemos comprender eso, según Rosa, podría perjudicar su energía (?).

Y a la hora establecida nos personamos puntualmente en el lugar acordado.

Además de nuestra querida amiga, aproximadamente dos docenas de paleros y paleras, con los cuerpos decorados con pinturas rituales, aguardaban nuestra llegada para iniciar la ceremonia. Entre los presentes ancianos de 60 o 70 años, y niños que no pasaban de los 12. Siempre impresiona encontrarse niños de tan corta edad participando activamente en ritos tan duros, a nuestros ojos, como la Regla Conga, o Regla de Palo Monte. Pero la sonrisa de sus labios dejaba claro que no se sentían impresionados por aquel mágico contexto que, al fin y al cabo, es el mundo en que están acostumbrados a vivir.

Por fin, Rosa reclamó la atención de todos, y desapareció tras una puerta. Había comenzado la celebración.

En pocos minutos comenzaron a desfilar, uno por uno, todos los paleros frente a esa puerta que, al llegar nuestro turno, averiguaríamos que daba a un discreto patio trasero de la casa. Tres golpes en la puerta y seña y contraseña suenan respectivamente a un lado y otro de la puerta. Cada palero debe responder correctamente al rito cuya antigüedad se pierde en la noche de los tiempos, una noche oscura como la piel de los africanos esclavos que llegaron a cuba a bordo de los cargueros negreros trayendo como único equipaje permitido por los traficantes su religión. Mas tarde, bajo la opresión de "ministros de Cristo", se vieron obligados a disfrazar sus dioses con el santoral católico, convirtiendo al travieso Eleguá -Guardian de los caminos- en el Niño de Atocha; a la sensual Ochun en la Virgen de la Caridad del Cobre; al temible Changó en Santa Bárbara; a el sabio Babalu Aye en San Lázaro; a la maternal Yemayá en la Virgen de Regla, y así un sinfín se orichás que tuvieron que ser sincretizados con los santos católicos a golpe de látigo.

Pero en ese instante ya no hay látigos, ni torturas, ni asesinatos en el nombre de Dios, y los orichás podían descender libremente sobre los creyentes sin necesidad de sus disfraces católicos. Y los paleros comenzaron a cantar en dialecto lucumí, al son de los tambores, los himnos y salutaciones para sus dioses. Cánticos yorubas heredados de generación en generación, desde los primeros esclavos arrancados de África hace casi 500 años, hasta sus descendientes, los paleros que nos rodeaban.

Apenas a un metro de mí, tronada en una especie de altar lleno de ofrendas, se encontraba la temible nganga de Rosa Sanchez, su "caldero de poder". Según me había contado la veterana palera en un anterior viaje a Cuba, su nganga tenía extraordinarias facultades y mucha energía y, según afirmaban, había llegado "a mover pesados objetos sin que nadie los tocase". Nganga, prenda, caldero, aquella especie de cacerola presentaba, desde su presidencia del ritual, un aspecto inquietante. Y más inquietante aún cuando se conoce su contenido: plantas y raíces, piedras mágicas, huesos de animales, fórmulas mágicas... y restos humanos...

Había llegado el momento de "dar de comer a la prenda". La nganga "tenía hambre", y antes de continuar la invocación a los orichas había que contentar al "señor". Eso significaba que la sangre de los sacrificios estaba a punto de correr, y abundantemente. Algún desdichado animal estaba a punto de morir...

Muerte y posesión en Palo Monte Oba kosó kisi ekó akama sía okuni buburu buburuku ki ton lo oguo oba chocotó ka`guó cabo si illé. (Salutación lucumí al Oricha Changó)

Con ánimo de conseguir algunos planos generales en el reducido recinto crucé el patio, entre los paleros que bailaban ya agitadamente al son de los tambores. Y allí atrás, atado a un árbol, estaba el cordero cuya sangre alimentaría la nganga, y a nosotros, poco después. Balaba desesperadamente, como si adivinase la suerte que le aguardaba.

Casi instantáneamente llegó Rosa quien, sin ápice de duda en sus manos, desató al animal y se lo colocó sobre los hombros. Con el desconcertado cordero en volandas, y bailando al son de la música, la palera cruzó todo el patio para depositar la víctima del sacrificio ante la nganga. Lo más sorprendente es que el cordero se quedó quieto, acostado en el suelo ante la prenda, sin mover un músculo, esperando la muerte.

Poco a poco, casi imperceptiblemente, el ritmo de los tambores se acelera, y los cánticos en lucumí siguen ese ritmo, igual que los pies de los paleros que bailan cada vez más frenética. Nosotros, torpes europeos, no estamos acostumbrados a ese ritmo. Además el calor nos empapa las camisetas. Hemos pillado la estación seca en Cuba, y estamos al borde de la deshidratación.
El ron comienza a rodar. Mezclados con los paleros, tarareando al ritmo de las letanías lucumis que no entendemos, intentamos mantener la mente despejada para no perder detalle de la celebración. Sin embargo el ron de caña es fuerte. Duro de tragar. Al menos para nosotros. Los paleros, sin embargo, engullen del cuenco el ron como si fuese agua.

Por supuesto, la nganga también "bebía" ron, escupido por los paleros sobre ella. Y "fumaba". Rosa "fumeaba" la nganga con un gran cigarro puro. Metiendo en la boca la parte encendída soplaba con fuerza proyectando una gran nuve de humo -y con ella, en teoría, su energía- sobre la nganga. El humo del tabaco, y el ron, se sumaban al trepidante ritmo de tambores y al agobiante calor para crear una atmósfera casi onírica a nuestro alrededor.

Por fín uno de los paleros tomó al cordero en brazos sobre la nganga, y otro sacó de algún sitio un largo y afilado cuchillo. Con habilidad de carnicero el improvisado matarife atravesó el cuello del animal rajando las venas. La sangre comenzó a manar a borbotones regando la nganga. Una vez había "bebido" la prenda, se llenaron unos cuencos de madera con la sangre que seguía manando del moribundo cordero.

Primero bebió la "madrina", y después nos pasaron el cuenco a los "invitados de honor". Vacilantes, pero obligados por el compromiso contraído, llevamos el cuenco a los labios. Y sentimos el dulce, y por dulce inesperado, sabor de la sangre.

El ritmo de los tambores acelera aún más. La danza es frenética. El ron y el tabaco siguen corriendo, y por fin los orichas hacen su aparición. Uno de los paleros es poseído por los dioses. Con bruscas contracciones se revuelve por el patio. Toma un gallo y le arranca la cabeza con los dientes. La sangre le resbala por el rostro y cae sobre la nganga.

El poseso no es un campesino, ni un ignorante lugareño. Se trata de Jesús Pérez Sánchez, un doctor en medicina que poco antes había estado examinando la mano que me había roto durante la visita a una zona selvática repleta de cuevas, que fueron utilizadas por Che Guevara y Fidel Castro durante la revolución contra el dictador Batista, y siglos antes por los indios tainos, que en sus paredes reflejaron con pinturas rupestres, sus leyendas sobre dioses blancos llegados del cielo... pero esa es otra historia.

Es un tópico incierto, como casi todos los tópicos, afirmar que las religiones afro-cubanas están relegadas a la clase más humilde y menos culta, y la posesión del Dr. Pérez, a la sazón padrino de un conocido pintor y artista de Trinidad, es un buen ejemplo.

Y mientras el médico-palero era poseído por los orichas, otro gallo es tomado por el matarife que le corta en dos la cabeza clavándole la hoja del cuchillo dentro de la boca. En medio del frenesí el poseído es izado sobre los hombros de algunos paleros entre gritos de alegría. Están contentos de poder saludar a los dioses. A diferencia de las grandes religiones en la Regla de Palo, como en el vudú, la Santería o el Candomblé, no hay un intermediario entre la divinidad y los creyentes. No hay un ministro, un sacerdote o un pastor que condicione el contacto con lo trascendente. El palero puede enfrentarse cara a cara con los dioses, e incluso puede llegar a recibirlo en su propio interior. Eso es la posesión.

Sangre, sudor y sonrisas Aguanillí irebeyo ama kan oke aguana ashe irisha oké oló moforibale oké. (Salutación lucumí al Oricha Ogún)

Para un observador extranjero, ante lo expuesto, el Palo Mayombe puede parecer un credo primitivo, sangriento y cruel. Y lo es. Pero es mucho más. Algo que nos sorprendió sobremanera fue observar la alegría y las sonrisas de los paleros. No había expresiones sobrias ni feroces durante los cánticos. Tan solo nosotros parecíamos sorprendidos, o hasta incómodos, por la sangre derramada. El baile, la música y la fiesta, que en definitiva es lo que supone toda celebración de Palo Monte, derrocha alegría. Y veíamos esa alegría reflejada en los ojos de los paleros, especialmente de los niños, que a pesar de su corta edad no se sentían impresionados por la crudeza del rito, y disfrutaban de él plenamente.

Y ese carácter alegre y vital del Palo nos sería mostrada en otra etapa del ritual. Dando un giro de 180 grados la apariencia tenebrosa del rito se torna luminosa durante la celebración de la "suelta de las palomas".

Varias palomas son repartidas entre los paleros. El ritmo de los tambores varía, adquiere otro tono más sereno. Y al ritmo de la percusión se va formando una fila constituida por los paleros que portaban paloma y por nosotros. De esta forma, moviéndonos como una larga serpiente, cruzamos el patio y luego toda la vivienda, hasta salir a la calle. Siempre al ritmo de los tambores. Una vez fuera, y a una voz de Rosa Sánchez, todas las palomas son soltadas llevando en su vuelo las peticiones de los creyentes hasta los cielos donde moran los orichas. Y seguimos su vuelo hasta perderse en el cielo entre aplausos y gritos de júbilo. Todas las palomas han echado a volar y ninguna se ha quedado en tierra o en los tejados, y eso es un buen augurio. Ailín, la palera más joven, que no alcanzará los 11 añitos, da saltos de alegría gritándole a las palomas que vuelen, que vuelen hasta Yemayá, hasta Ochún y hasta Oya, hasta el trono del mismísimo Obatalá, y les trasmitan los saludos de los paleros de Trinidad. Pero la ceremonia no había terminado, nos quedaba todavía un último acto de la obra: el "baile de los cuchillos".

No todos los paleros pueden celebrar esta operación, por el peligro que radica. Rosa nos invita a que uno de nosotros, concretamente mi compañero Miguel Blanco, vende firmemente los ojos del bailarín. Y así lo hace. Mientras Miguel procede al vendado de los ojos, asegurándose de que resulte imposible ver nada a través de la venda, el bailarín escucha los consejos de Rosa. La veterana palera le pide absoluta concentración en los que va a hacer. Después se encara con el responsable del tambor, un atlético prieto, y con dureza en el tono le recuerda su responsabilidad en este rito. "Si tu dejas de tocar, o aflojas él se va a cortar. Si tu te cortas el se corta". La escena se antoja casi absurda para el extranjero, pero así es el Palo Mayombe. El bailarín caería en una especie de trance y comenzaría a golpearse el cuerpo con dos afilados cuchillos -uno de los cuales había servido para matar a los animales del sacrificio. Si los tambores atraían a los orichas, y estos protegían al bailarín, este no se cortaría. Y no se cortaría ni al golpearse con los cuchillos ni al blandir un temible machete en una frenética danza que también presenciaríamos.

Sin embargo, en un momento determinado, el esfuerzo requerido era mayor que las ya escasas energías, y el ritmo del tambor aflojó un poco. Tal vez los nervios de saberse observado por ojos extranjeros, los nuestros, hizo que el ritmo del tambor se alterase. Al final de la celebración me acerqué al bailarín que presentaba una herida en su brazo izquierdo. Por primera vez en su vida -según me dijo- se había cortado durante el "baile de los cuchillos".

Las afiladas hojas del "baile de los cuchillos" son reales y auténticas, como los sacrificios rituales, la sangre que bebimos, las sonrisas de los niños, o la energía que se desprende del ritmo de los tambores sagrados. No hay hipocresía ni fabulación conformista. El Palo Mayombe es así; duro, vital, cruel, alegre, impecable... como la mezcla genética que llevan en la sangre los paleros cubanos. Mezcla de la salsa o el merengue, la esclavitud, el sol del Caribe, y la rememoranza de una patria africana perdida en la memoria, y en las cicatrices heredadas en el alma de los hijos y nietos de los guerreros congos que llegaron a las plantaciones de algodón hace 500 años. El Palo Mayombre es dulce y amargo, alegre y temible, vital y mortal... como la vida misma.

Comenzamos el viaje...

Solo cuando el tunel esta en la más absoluta oscuridad... puede volver otra vez la luz..
Asi comenzaba nuestro mitico programa de radio...


Ahora, tras años de experiencias y de viajes, hemos decidido compartir con vosotros algunas de nuestras experiencias.
Por ello hemos creado este ESPACIO, como un punto de encuentro con el misterio y con la invitación para vivirlo en primera persona.




A lo largo de este año 2007 hemos previsto diferentes viajes.




Estuvimos en el desierto tunecino a primeros de año.







En semana santa tenemos previsto viajar a Turquia.
Y en Verano haremos dos expediciones.
--- Peru magico.


--- Vietnam y Camboya.


De todo ello os iremos informando puntualmente.








Haiti: El secreto zombi

No existe una expresión más terrible de la brujería, y a la vez una demostración mas irrefutable de su poder. La maldición zombi, una de las prácticas más terribles de la religión vudú, es una terrible realidad. Nuestro compañero Manuel Carballal ha viajado a Haití en varias ocasiones para investigar esta siniestra maldición. El Bokor (brujo vudú) me lo había advertido: "los zombis son el mayor secreto del vudú, y los loas (dioses) no os permitirán desvelarlo", pero lo consideré un farol. Y eso pensaba cuando decidí salir por una ventana del tam-tam (camión convertido en autobús a golpe de soplete) que nos llevaba hacía Puerto Príncipe, bordeando la frontera con Dominicana. Mis compañeros dormitaban en los incómodos asientos, pero según mis mapas nos encontrábamos atravesando las plantaciones de caña de Hinche, donde Juan Blázquez (funcionario de la Embajada española en Haití) nos había sugerido la presencia de esclavos zombis, y pensé que quizás podría fotografiar dichas plantaciones (con suerte algún zombi) desde el techo del enorme camión. Trepé desde la ventana a la baca, zarandeado por los bamboleos del camión, y me acomodé como pude en la parte posterior, entre fardos de alimentos y cajas de ron.


Tras dos horas de botes constantes, lo ví. Un hombre extremadamente delgado caminaba entre las mazorcas de maíz, con paso inseguro, la mirada perdida, cubierto de mugre y harapos y una decrépita expresión en el rostro vacío de conciencia. ¿Podía ser uno de los míticos zombis? Apunté el 300 mm. de la cámara hacia aquél individuo, y en el mismo instante en que mi índice se apoyaba en el disparador, la rama de un árbol me golpeó en la cabeza. El impacto fue tan brutal que todo mi cuerpo giró en el aire. No soy capaz de explicar como pude agarrarme con una mano al borde de la baca en el último segundo, quedando colgado del camión que en ningún momento aminoró su marcha, mientras un hilo de sangre me cruzaba la cara... Tardé unos segundos en reaccionar, y unos minutos en conseguir subir de nuevo al tejado, para desplomarme entre los fardos hasta recobrar completamente la conciencia y el aliento. Cuando me repuse al terrible susto, y sin comprender como no me había matado con el golpe, o al caerme desde el techo del autobús, (de lo que nadie se habría percatado hasta que llegasen a Puerto Príncipe) recordé las palabras del Bokor. Por lo de pronto, el primer intento de acercarme al secreto zombi me había costado una brecha en la cabeza, un susto indescriptible, y un objetivo de 300 mm. ahora inservible. Y la aventura no había hecho más que empezar...


Las sociedades secretas Una vez en Puerto Príncipe, y tras una cura de urgencia a mi maltrecho cráneo, comenzamos a contactar con los bokor, houngan (sacerdotes vudú) y mambos (sacerdotisas) a los que habíamos conocido en un viaje anterior a Haití. La ausencia de carreteras y los precarios medios de comunicación (apenas hay teléfonos), unido al secretismo que rodea la religión vudú, ralentizan de forma exasperante todas las gestiones. Para colmo, algunos desplazamientos a las aldeas de los houngan y bokor deben hacerse en caballo, moto o mula, lo que dificulta aún mas la investigación. Por esta razón todos los estudiosos, etnólogos, psiquiatras o antropólogos que han intentado estudiar el enigma zombi, han necesitado acudir a Haití en varias ocasiones ya que en un solo viaje resulta imposible salvar todas las dificultades que ofrece el país.


En nuestro caso, cuando regresamos a Puerto Príncipe pudimos recoger los contactos sembrados en otros viajes, y de esta forma pudimos acceder a algunos de los bokor fabricantes de zombis, y a las sociedades secretas que custodian estas siniestras prácticas. Sucesivas "iniciaciones", la participación en ceremonias, el aprendizaje de sus saludos y gestos rituales, y en definitiva, una constante dedicación a ganarnos la confianza de los houngan y bokor nos permitieron acercarnos, poco a poco, a sus secretos. Especialmente la zombificación. Sin embargo debo hacer constar que en algunos casos el acercamiento a estas sociedades secretas, y la asistencia a algunos de sus rituales -a veces meras estafas- entraña ciertos riegos. En nuestra última incursión, que pudo habernos costado un disgusto muy serio, tuvimos que zafarnos de una de esas sectas llegando a las manos, y viéndonos en la necesidad de desenfundar nuestros machetes (ver MÁS ALLÁ nº 112 ). Sirva como advertencia para los aventureros que deseen acercarse a los secretos del vudú...


Andriord Aolély es uno de los houngans miembro de la Sociedad Grand Drop de Puerto Príncipe, cuyo hounfor (templo) visitamos. Estas sociedades secretas, como Zobop, Bizango, Vlinbindingue, San Poel, Mandingue, etc, funcionan como una especie de sectas herméticas, en las que todos los componentes cuentan con el apoyo de sus hermanos de religión, tras aceptar un compromiso estricto de no revelar los secretos. Un servidor ya había tenido la oportunidad de estudiar estas sectas secretas afro-americanas, en otros países del Caribe, pero sólo en Haití se incluye, entre la práctica de alguna de ellas, la zombificación.


Las sociedades secretas haitianas, como la Gran Drop de Andriord Aolély, funcionan como pequeños feudos. Por encima del poder político o militar de la provincia, está el poder del houngan o bokor. Este funciona como una especie de soberano emérito, que al mismo tiempo que vela por el bienestar de su comunidad (Andriord nos explicó que incluso repartía las ayudas humanitarias que llegaban del exterior, o alfabetizaba a las hounsi (novicias vudú), etc), tiene la misión de repartir la justicia tradicional. Y es que, independientemente del Código Penal haitiano de origen francés, en cuyo artículo 246 se tipificaba el delito de zombificación hasta hace pocos años, existe la "justicia vudú", en la que se considera a la zombificación como la Pena Capital. En palabras del bokor Max Bobuard: "Es mejor zombificar a alguien condenado por la sociedad, que una vez esclavizado al menos trabajará, que meterlo en la cárcel o matarlo, ya que de esta forma no aporta nada a la comunidad".


Esta es una forma de entender la zombificación en Haití, como la "Pena Capital" con la que la justicia tradicional, personificada en el bokor, condena a quien ha atentado contra la sociedad. Al menos así han intentado justificar algunos bokor sus siniestras prácticas. Sin embargo en todos los pueblos y ciudades del país es sabido que cualquier particular puede contratar los servicios de un bokor, o acudir a una sociedad secreta, para que un pariente, amigo, enemigo o vecino pueda ser convertido en zombi, haya atentado o no contra la comunidad. Y esos casos son los más dramáticos y espeluznantes que podemos encontrar en nuestros viajes por Haití...


¡Los zombis no existen! A pesar de la ingente literatura existente sobre el tema, y los guiones cinematográficos inspirados en los "no muertos", para las autoridades haitianas la existencia de los zombis resulta extremadamente incómoda. En su opinión, atemoriza a un sector del turismo, y trasmite una imagen primitiva, feroz y supersticiosa del país. Al menos esto es lo que nos sugería Alix L. Laford, Jefe del Gabinete de Turismo, con quien nos entrevistamos en el Ministerio de Turismo de Haití, en Puerto Principe. Para Laford la existencia de los zombis resulta contraproducente desde el punto de vista turístico y económico. Tanto la clase política, como la alta sociedad haitiana, prefiere ironizar con la zombificación, sin embargo, cuando consigues ganarte su confianza, terminan reconociendo la existencia de los zombis como una siniestra realidad e incluso son fuente de valiosas pistas.


Así nos lo explicó Francoise Dresse, Canciller de la Embajada de Bélgica en Haití desde hace varios lustros. El Sr. Dresse, que ha tenido la posibilidad de asistir a auténticos rituales de vudú, entablando amistad con houngans y bokors, nos facilitó algunas pistas y consejos sumamente útiles en nuestra investigación. Como nos explicó detalladamente el Canciller belga, en la sistema de creencias vudú se considera que el cuerpo humano está habitado por dos espíritus, el Gro Bonanj y el Ti Bonanj (Gran y Pequeño Buen Angel). A través de la magia, un bokor puede expulsar esos espíritus del cuerpo de un hombre y aprisionarlos en una botella blanca. De esta forma conseguiría controlar el cuerpo físico del desafortunado, que pasaría a convertirse en su esclavo: así se fabricaría un zombi. Nosotros hemos podido asistir a diferentes rituales de vudú Rada, Congo y Pedro, en las cuales teóricamente se podría robar el espíritu de un hombre convertirlo en zombi. Sin embargo Francoise Dresse, europeo de extraordinaria formación cultural, nos sugirió otra línea de investigación. Una cosa es lo que crean los haitianos, y otra como se fabrica realmente un zombi. El Canciller nos sugirió, como otros muchos especialistas, que la creación de un zombi es un proceso químico, mucho más cercano a la utilización de la farmacopea natural y los venenos, que a místicos abracadabras y ambiguos encantamientos mágicos. Pero los bokors prefieren fomentar esa superstición, ya que las creencias son el mejor instrumento de control sobre una sociedad...


Ya en 1938 la extraordinaria aventurera y exploradora Zora Hurston publicó en su libro Tell my horse, la fotografía de una zombi hospitalizada en un sanatorio psiquiátrico de Haití. Desde entonces muchos enfermos mentales descubiertos cuando vagaban por algún camino solitarios, cabizbajos, harapientos y en estado de inanición, han sido sospechosos de ser víctimas de la zombificación. Nosotros pudimos fotografiar alguno de esos "presuntos zombis". Lamentablemente la patética infraestructura del país hace muy difícil la comprobación de sus identidades. La ausencia de médicos en la mayoría de aldeas hace que escaseen las partidas de nacimiento y defunción, y cuando se localiza a un enfermo mental abandonado en los bosques, resulta francamente complicado identificarlo.


Muchos terminan en centros de acogida evangélicos o en sanatorios psiquiátricos, abandonados a su destino. Sin embargo, a finales de los años setenta, un audaz neuropsiquiatra haitiano (aunque formado en Canadá), decidió investigar científicamente algunos de aquellos deficientes mentales, sospechosos de haber sido convertidos en zombis. Ese neuropsiquiatra abrió las puertas a una nueva dimensión del mito zombi. El Dr. Lamarque Douyon ha estudiado infinidad de supuestos zombis, sin embargo, en al menos 5 casos las evidencias resultaban especialmente inquietantes. Dos de esos casos supondrían la base documental para la investigación de Wade Davis y otros científicos años después.


Yo soy un zombi "Esta es mi tumba, aquí es donde me enterraron. Cuando fallecí me metieron en esta tumba. Yo morí el 3-5-1962 y fui enterrado aquí al día siguiente. Me metieron aquí debajo y estuve más de dos días sepultado. Después vinieron a buscarme. Me llamaron. Oí que me decían "levántate" y yo me levanté y salí de la tumba contestando a los que me llamaban. Estaba muy agitado. Me senté en la tumba y me amarraron los brazos con cuerdas. Después me tuvieron trabajando en una plantación durante dos años y nueve meses...". He trascrito literalmente la grabación de las declaraciones de Clervius Narcise a uno de los equipos de TV desplazados a Haití para realizar un documental sobre los zombis. Terrible testimonio..


Narcise probablemente sea el zombi más famoso del mundo, y no es para menos. En mi último viaje a Haití obtuve un informe judicial emitido el 26 de enero de 1980, en el que un juez, tras interrogar a los familiares y vecinos del interesado, identifica como Clervius Narcise al individuo que fue encontrado el 18 de enero de ese año, vagando semidesnudo, y víctima de un shock, en las afueras de Gonaives, su pueblo natal. Sin embargo en mi archivo poseo también una partida de defunción emitida el 3 de mayo de 1962 en la que se certifica que Clervius Narcise había muerto en el hospital haitiano Albert Schweitzer, en Gonaives. ¿Cómo es posible que 18 años después de morir Narcise reaparezca en las afueras de su aldea en tan patético estado psíquico y físico?


Gracias a la terapia del Dr. Douyon, Narcise se recuperó casi totalmente, lo que no ha ocurrido en casi ningún otro caso de zombificación, y pudo de esta forma aportar datos extraordinarios para la investigación. Narcise contó con todo detalle como su alma había sido robada por un bokor (no olvidemos que esta es la creencia tradicional vudú) y como su cuerpo paralizado había sido enterrado vivo. El infortunado detalló el terror de escuchar a los médicos certificando su muerte y su incapacidad de gritar ¡estoy vivo!. Relató la agonía de permanecer encerrado bajo tierra horas interminables, y como fue desenterrado por el bokor y sus ayudantes, golpeado, atado y vendido como esclavo en una plantación, donde había otros zombis como él. Cuando el capataz de la plantación murió, los zombis comenzaron a vagar durante años por los caminos de Haití, hasta que la fortuna lo llevó nuevamente a su aldea, donde fue reconocido por su familia. Diferentes cadenas de TV se desplazaron hasta Haití para entrevistar al primer "muerto viviente reconocido por la ciencia". Hace pocos años Narcise, casado en segundas nupcias y padre de un hijo, fallecía definitivamente y esta vez no se levantaría de su tumba.


Otro de los casos más interesantes del Dr. Douyon es el protagonizado por la joven de 16 años, Francina Illéus, conocida cariñosamente como Ti-Femine. Aquejada de serios trastornos digestivos Francina fue ingresada en el Hospital Saint Michel de l'Attalaye. Unos días después de recibir el alta, el 23 de febrero de 1976, fallecía en su casa, siendo expedido el certificado de defunción con esa fecha. El cadáver de Francina permaneció varios días en el depósito de cadáveres ya que su familia no tenía dinero ni para el féretro. En abril de 1979 una amiga se la encontró errando sin rumbo en el mercado de Enery. Cuando se desenterró el ataúd se descubrió que ciertamente no albergaba ningún cadáver. Se dictaminó oficialmente que la joven Francina había sido convertida en zombi, lo que la convirtió en una apestada para su comunidad, siendo internada primero en un Hospital Psiquiátrico y encontrándose actualmente a los cuidados de Joyce Auserman, una pastora evangélica afincada en Haití, que ha acogido a algunas víctimas de la zombificación, que tras despertar el terror en sus respectivas comunidades, son exiliados al olvido en algún manicomio o abandonados a su suerte.


En el documental alemán Zauberer und Zombies ("Brujos y Zombis"), de Ulrich Stein, se relata otro caso de zombificación: el de Rose Marie Thelusme, otra adolescente haitiana víctima de la maldición zombi. Rose Marie murió el 25 de noviembre de 1984 en Cabo Haitiano, al norte del país, después de que un vecino le entregase un plato de comida. Al parecer un joven enamorado de ella no soportó la idea de que se casase con otro hombre y la envenenó. El parte de defunción fue firmado por el médico a las tres de la tarde de ese día. Seis semanas después Rose Marie fue descubierta por su familia en las afueras de su aldea. Desde ese día ha sido incapaz de volver a pronunciar palabras coherentes, y permanece internada en un Hospital Psiquiátrico de Puerto Príncipe.


El mayor secreto vudu Algunos de los bokor y houngans que hemos conocido en Haití, como Manuel Elié o Tony Guelín, han consentido en dejarnos fotografiar las botellas blancas en las que conservan las almas de los zombis que han fabricado. Esos pequeños recipientes de vidrió despiertan auténtico terror entre los haitianos ya que creen que contienen el espíritu de los "no muertos", esclavizados por el bokor, quien podría utilizarlos para perjudicar a sus enemigos... Sin embargo los bokor no quieren hablar de las formulas ni los ritos secretos. Ignoro si es cierto, pero en 1996, tras publicar en MÁS ALLÁ (nº: 90) se me hizo saber que dos brujos haitianos se habían desplazado hasta España con la misión de "darme un escarmiento" (físico y/o "espiritual") por haber publicado demasiados "secretos" en aquel reportaje...


Afortunadamente los "matones" enviados por cierto bokor no dieron conmigo. De ser cierto este soplo, sería un excelente ejemplo del rigor con que se pueden castigar ciertas "indiscreciones" en el mundo del vudú. No debe sorprendernos pues el secretismo que rodea la zombificación. Por si las moscas en nuestro siguiente viaje a Haití, tanto mi compañero de aventuras, Miguel Blanco, como un servidor, contratamos un seguro de vida especial, para que enviasen nuestros cuerpos a España inmediatamente, en caso de fallecer de en Haití de forma sospechosa... y prohibiendo que se nos hiciese la autopsia allí.


Por otro lado, es tal el terror que despierta la posibilidad de la zombificación entre los haitianos, que en muchas aldeas de todo el país pudimos ver como construían las tumbas de sus seres queridos frente a sus propias viviendas, para de esta forma vigilar que ningún bokor pueda hacerse con sus cuerpos. Más aún, en algunos lugares someten al cadáver de un pariente o amigo a la "segunda muerte", acuchillando o decapitando el cuerpo de difunto, para que no pueda ser transformado en zombi. En otros casos, menos drásticos, la costumbre es enterrar al muerto con una bolsita de semillas, o una aguja rota e hilo para que, de despertar el zombi en su tumba, se entretenga contando las semillas, o intentando enhebrar la aguja y no salga de su ataúd. En otros pueblos nos contaron que enterraban a sus muertos boca abajo, para que si es un zombi, al intentar salir de la tumba en realidad se hunda más. Para todas esas personas la zombificación es fruto de un rito mágico. Sin embargo, como nos sugería el canciller belga, existe una explicación mucho más razonable: la química, y mas específicamente la tetradodoxina.


Un servidor ha podido recopilar en diferentes países afro-americanos, el uso que las sociedades secretas y los brujos, chamanes y hechiceros hacen de algunas drogas de origen vegetal y/o animal, en sus ritos, como el caso de los abakua (ver MÁS ALLÁ nº 81) aunque ninguna es tan poderosa como la tetradotoxina.


Cuando el etnobiólogo Wade Davis consiguió una beca de la Universidad de Harvard para estudiar los zombis de Haití, contaba con los rumores que circulaban en la isla en torno a un veneno, cuya formula solo conocían los más poderosos bokor, que sería el responsable de la fabricación de los "muertos vivientes". La verdad es que existen diferentes fórmulas del llamado "polvo zombi" o poudré en Haití. Muchos bokor coinciden en el empleo de algunos elementos básicos como semillas y plantas (sobretodo la tcha-tcha y la pwa grande), sustancias animales (extraídas del esqueleto de sapo venenoso, ciertos reptiles machacados, insectos como ciempiés y arañas, o el pez globo), e incluso ingredientes de origen humanos (especialmente cráneo de cadáver de niño recién enterrado machacado).


Pero se han realizado estudios comparativos de los venenos utilizados en cuatro regiones con documentados casos zombi: Gonaives, San Marcos, Leogane y Rio Pequeño, y los ingredientes varían de una región a otra. La tcha-tcha es común en todos, así como los restos humanos, pero los ciempiés y arañas solo se usan en Gonaives y Leogane, y el pez globo en San Marcos y Gonaives. Pese a todo, los estudios de Davis y de otros etnólogos y etnobiólogos sugieren como el más utilizado es un compuesto de numerosos ingredientes, cuyo agente fundamental es la tetradotoxina, como nos sugirió el Canciller belga.


La tetradotoxina es una droga 60.000 veces más potente que la cocaína, y 500 más que el cianuro, muy conocida por los servicios secretos. Tanto en "James Bond contra el Doctor No como en Desde Rusia con Amor, el famoso agente 007 de Ian Fleming tiene que enfrentarse a esta terrible sustancia.


La tetradotoxina se encuentra abundantemente en el hígado, piel y ovarios del diodon histrix, diodon holocanthus o spheroides testudineus, más conocido como fugu o "pez globo", un pez que yo mismo he podido fotografiar bajo las aguas del Caribe, y los bokor haitianos usan como el ingrediente fundamental del polvo zombi. Davis, generosamente respaldado por una empresa farmacéutica y por la Universidad de Harvard, consiguió sobornar a varios bokor para que le entregasen muestras del veneno zombi, que serían analizadas en Harvard. En su opinión la tetradotoxina es el elemento clave del poudré.


El poudré sería un fantástico anestésico, capaz de llevar a un hombre al borde de la muerte, sin llegar a cruzarlo. El pánico que siente la víctima del poudré al ser enterrado vivo, supone en si mismo un shock espantoso que puede dañar el cerebro. Si a ello unimos la posible anexia, o una encefalopatía letárgica hipertensiva debida a los efectos tóxicos de la tetradotoxina, podremos comprender el patético estado físico-psicológico de total abandono y sometimiento hacia el bokor, en que queda sumido la víctima de la zombificación. Esto explicaría porque se considera tradicionalmente que los zombi no pueden tomar sal, por que eso les haría recuperar su conciencia, ya que la sal es una necesidad fisiológica para la célula nerviosa y la fibra muscular.


Una vez el bokor llega al cementerio y desentierra al zombi, se le haría ingerir datura estramonium, una conocida planta alucinógena conocida en Haití como "pepino zombi", que eliminaría la tetradotoxina provocando en el zombi su reanimación física, pero convirtiéndole en un ser temeroso, y emocionalmente destruido.


A pesar de estar específicamente perseguida por la policía haitiana, nos consta que los ritos de zombificación continúan realizándose en los albores del siglo XXI. En uno de nuestros viajes pudimos pasar tres noches en el hounfor (casa-templo vudu) de un famoso houngan y bokor, que nos confesó poseer cuatro zombis. Una de esas noches, la del 1 de noviembre, día de los muertos y fecha oportuna para rituales de muerte, nos despertamos agitadamente en plena noche. Nos habían advertido que esa madrugada el bokor y sus ayudantes acudirían el cercano cementerio para realizar un "trabajo", pero se nos prohibió expresamente salir del hounfor.


Entre las sombras de la noche pudimos escuchar el murmullo del bokor y sus hombres al salir de la casa. Más tarde escuchamos un alboroto lejano y lo que parecían disparos. Y con aquellos estampidos, nuestro primer impulso, el de salir en plena noche e intentar espiar el ritual secreto en el cementerio, se convirtió en temor. No nos atrevimos a burlar la prohibición, echarnos al bosque y asaltar a hurtadillas el cementerio. De haberlo hecho tal vez habríamos presenciado un espectáculo vetado al hombre blanco, ya que a la mañana siguiente, cuando exploramos el cementerio, encontramos una tumba recién profanada y a su lado un ataúd abandonado. Haciendo de tripas corazón levanté lentamente la tapa del féretro. El cadáver había desaparecido. Tal vez la policía había interrumpido a tiros la ceremonia, pero el muerto de aquella tumba ya no estaba en su féretro. Solo pude hacer una fotografía de esa increíble estampa, y suplicar a los loas que esa madrugada, en que nuestro miedo nos ató a nuestra habitación en el hounfor, un nuevo desgraciado no hubiese engrosado las listas de esclavos zombis de alguna plantación de caña...


Los polvos mágicos En un 1993 la revista británica The Lancet publicaba el artículo de un médico norteamericano que firmaba con el pseudónimo Michael Baran, en el que se relacionaban los brotes de SIDA en Haití con el culto vodú. Tras analizar los primeros focos de SIDA, a partir de 1978, localizados en Haití y Africa Negra, Baran llegó a la conclusión de que el único punto en común era la religión vodú, y más concretamente las prácticas de zombificación.


Según esta audaz hipótesis, el virus, que se encontraba en estado latente, era de alguna forma estimulado a través de los pócimas y ungüentos utilizados por los bokor vodú. Y es que son muchos los tipos de "polvos mágicos" que conocen y utilizan los bokor haitianos: el Polvo Zawda, para enemistar a las parejas; el Polvo Rapé, utilizado para castigar a un amigo traidor; el Polvo Yoyo, para enviar "mal de ojo"; el Polvo Agotador, para producir angustia psicológica; el Polvo Patchouli, para provocar infidelidades y ruptura en un matrimonio... y así más de un centenar de diferentes "polvos mágicos" con todo tipo de utilidades y funciones.


No es de extrañar por tanto que cuando en octubre de 1994 más de 20.000 soldados norteamericanos desembarcaban en Haití para reponer el gobierno de Jean Bertrand Aristide, se lanzasen amenazas de todo tipo contra los nuevos invasores blancos. Curiosamente, poco tiempo después de la toma del país un grupo de psiquiátras castrenses norteamericanos fueron enviados a Haití para investigar algunos extraños suicidios y locuras inexplicables entre las tropas de ocupación. Pronto los rumores se desataron por todo el país. La brujería vodú podía derrotar a los fusiles yankis, y los mágicos polvos del bokor podían vencer a cualquier carro de combate invasor.


La inquietud se notaba, y aún se nota, entre las tropas de Naciones Unidas que en marzo de 1995 relevaron a los soldados norteamericanos en Haití. Nosotros mismos pudimos asistir a rituales de vodú en Haití en los que nos topamos con marines norteamericanos y altos mandos militares de otras naciones. El polvo zombi es un arma poderosa, y los militares lo saben. Y el poder del vodú no deja impasible a los soldados blancos...


Enfrentándonos al enigma zombi desde una perspectiva química podemos explicar el mito de los muertos vivientes desde una óptica exclusivamente científica, pero ¿hay algo más?


Autores como Lucien G. Coachy, relatan casos de supuestos zombis que habían sufrido lesiones físicas mortales que harían imposible toda recuperación. Importantes personalidades en Haití nos describieron casos absolutamente inexplicables con la hipótesis de la tetradotoxina. Como el caso de un joven muerto en un accidente de tráfico con parte del cráneo destrozado que fue "resucitado" por el bokor. Los campesinos aseguran que en muchos casos el zombi sale de la tumba atravesando la tierra, sin que la sepultura haya sido removida...


Otros zombis documentados en Haití -María Malval. Esta joven haitiana de buena familia falleció en 1909, el día de su compromiso matrimonial. Cinco años mas tarde, en su lecho de muerte, el padrino de María confiesa a su confesor que el había contratado un bokor para zombificar a la joven a causa de los celos. Reveló que la habían sacado de la tumba y vendido como esclava en una plantación propiedad del bokor. El sacerdote decidió visitar dicho lugar, y allí encontró a la joven María Malval en un estado de demencia y mutismo completo. La iglesia católica ocultó a la joven en el convento de Santa Rosa Lima, para espanto de las pensionadas, aterrorizadas por el zombi.


-Natagéte Joseph. Mujer de unos cincuenta años fallecida en 1966. Trece años mas tarde reapareció en su pueblo, San Rafael. Amnésica, muda y con avanzado deterioro mental, fue internada en el Centro Psiquiátrico de Puerto Principe, donde vivió en estado casi vegetativo, y sin identidad legal.


-Jean-Claude Pierre. Treintañero originario de Gonaives, enterrado en 1977. El domingo 17 de julio de 1983 sus hermanos se lo encontraron vagando por el barrio. Tras ser identificado por sus padres y cinco testigos, la policía lo condujo al Hospital del Dr. Douyón en lamentable estado, "como recién salido de un campo de concentración". El Dr. Douyón supone que el bokor que lo zombificó le arrancó todos los dientes para que, de recuperar el habla, nadie pudiese entenderle.
-Medula Charles. Joven de 24 años natural de Gros-Morne, reaparecida en agosto de 1983 tras haber fallecido y recibido sepultura anteriormente. También tratada por el Dr. Douyón, se recuperó lo suficiente como para dar a luz un hijo. Ya en proceso de recuperación estuvo a punto de ser secuestrada por unos desconocidos en pleno día, en las cercanías del Hospital Psiquiátrico, supuestamente por los ayudantes del bokor que intentaban devolverla a su estado de esclavitud zombi.


Existen otros muchos casos, que los médicos de guardia de los centros de salud haitianos, se han encontrado espontáneamente durante sus guardias. Pero la mayoría de estos facultativos prefieren guardar silencio, por temor a que se les tache de crédulos o supersticiosos vuduistas.
El extraordinario caso de Wilfrid Doricent Los zombis del "más acá" Es necesario conocer las características de la sociedad haitiana para comprender la picaresca que rodea algunos casos de supuestos zombis, cuya investigación científica ha descubierto insólitas tramas que denuncian la pésima actuación policial y judicial en Haití. Uno de los casos más paradigmáticos es el protagonizado por el supuesto zombi de Wilfrid Doricent. Tuvimos la primera referencia del caso a través de Juan Blázquez, historiador y funcionario de la Embajada de España en Haití cuya ayuda nos fue extremadamente útil en anteriores viajes.


La historia se inicia el 19 de marzo de 1991 cuando el diario haitiano Le Matin publica en primera página que se ha descubierto un nuevo zombi. El matrimonio compuesto por Eliot y Miguel Doricent se habían presentado en el juzgado de la capital para poner una denuncia contra el hermano de Miguel. El 11 de septiembre de 1990 se habían encontrado con su hijo Wilfrid vagando sin rumbo en las afueras de Roche-à-Beteau. Esto no sería extraño de no ser porque Wilfrid Doricent había sido enterrado el 24 de febrero de 1988 en Los Cayos...


Según denunciaba Miguel Doricent, su hijo había sido asesinado y convertido en zombi por su hermano Belaroix, tío de Wilfrid, a causa de una disputa por una herencia. Miguel afirmaba que, como su hermano no había podido con él, había decidido vengarse zombificando a su sobrino... El reaparecido Wilfrid, en un lamentable estado psicológico, era incapaz de explicar que le había ocurrido, y Belaroix Doricent fue detenido y conducido a los calabozos, donde se le sometió a un "enérgico interrogatorio policial", tras el cual confesó con todo detalle como había zombificado a su sobrino. No me resisto a transcribir literalmente la grabación de las increíbles palabras del juez responsable del caso: "Cuando Belaroix compareció ante el Tribunal, los policías le habían estado pegando... porque les enfurecía lo que había hecho a su propio sobrino. Tuvo que confesar porque le tenía miedo a la policía.. Ellos podían haberlo matado, así que tuvo que confesar la verdad. Naturalmente cuando confesó yo le ordené a la policía que dejase de pegarle...".


Tardaríamos unos años en conocer el desenlace de este extraordinario caso, y ese desenlace nos llegaría de manos de la ciencia... Belaroix Doricent fue condenado a cadena perpetua por el delito de zombificación, aunque unos años después conseguiría sobornar a unos guardias y fugarse de la cárcel, viviendo como un proscrito desde entonces. Pero la fortuna le sonreiría cuando, en 1997, una expedición científica compuesta dirigida por el Dr. Roland Litelgood (psiquiátra y antropólogo), junto con el Dr. Conrad Gorinski, etnobiólogo, y la experta en vudú Chantal Reano, se desplazó a Haití para investigar científicamente varios casos de supuestos zombis.


Los investigadores dedujeron que si Wilfrid Doricent había sido zombificado, y enterrado aún con vida, su actual deficiencia mental podía deberse a una anoxia causada por la falta de oxígeno en el ataúd. Para comprobarlo Wilfrid es trasladado hasta Puerto Príncipe, para ser sometido al único scanner cerebral existente en el país. Las pruebas no son concluyentes, ya que no aparecen indicios evidentes de anoxia en el cerebro. Además, la cajas de tabla de pino unidas groseramente filtran una cierta cantidad de oxígeno extra gracias al cual una persona con el metabolismo ralentizado por el veneno zombi pueda sobrevivir más horas. Así pues los científicos toman muestras de sangre de Wilfrid y de sus presuntos padres, Miguel y Eliot Doricent.


Las muestras son enviadas a Inglaterra donde se hace un estudio comparativo del ADN. Conclusión: Wilfrid no puede ser el hijo de Miguel y Eliot Doricent. No hace falta ser demasiado lúcido para deducir que el supuesto Wilfrid es en realidad algún deficiente mental abandonado a su suerte, cuyo parecido con el auténtico Wilfrid hizo creer a los Doricent que podía tratarse del zombi de su hijo... a menos, claro está, que todo fuese una maniobra orquestada por Miguel Doricent para imputar a su hermano Belaroix un crimen que no había cometido, y quedarse así con todo la herencia familiar. Evidentemente las torturas de la policía haitiana hicieron confesar al infortunado Belaroix una zombificación que jamás se había producido. Su condena a cadena perpetua era una terrible injusticia...


El supuesto zombi de Wilfrid continua viviendo con los Doricent, que lo mantienen atado con un cepo, "porque no es humano, no tiene espíritu". Nadie ha reclamado a ese infortunado joven cuya auténtica identidad continua siendo un misterio...

ALGUNOS DE NUESTROS VIAJES.


El pasado año tuvimos la oportunidad de visitar uno de los paises mas sagrados del planete.

LA INDIA.

Alli tuvimos la ocasión de convivir con santones y Shadus a orillas del sagrado rio Ganges.

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